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Bebés con estrés

El estrés es la respuesta del cuerpo a condiciones externas que perturban el equilibrio emocional de la persona. Los adultos lo sufrimos, también los niños y por supuesto, los bebés. De hecho, cada vez es más frecuente ya que los bebés de hoy tienen 50 veces más estrés que hace 15 años. ¿Por qué será? Porque vivimos como locos.

¿Qué situaciones estresan a un bebé? Los bebés también sienten y padecen, igual que los adultos, o más. Uno mira a un bebé y piensa “¿qué estrés puede tener esta criatura?”. Pues aunque no haya cuentas que pagar ni un jefe, también lo tiene.

Cuando está enfermo, cuando siente frío, calor, hambre, cuando tiene el pañal sucio y por supuesto, cuando reclama mimos, brazos, atención y no se la damos. Los mimos son también una necesidad básica del bebé que debe ser atendida como cualquier otra, o más. ¿Por qué cuando se hacen caca les cambiamos enseguida el pañal y sin embrago los dejamos llorar horas en la cuna? Es algo que no comprendo.

Volvamos al estrés. También puede estresarle la música estridente, ruidos a los que no está acostumbrado (se me viene a la mente el ruido del taladro que ponía locas a mis niñas cuando eran bebés), una agitada actividad en casa, las discusiones que el niño presencia u oye (aunque creamos que no se entera, sí lo hace), y desde luego, el estrés que les contagiamos los padres. La ecuación es simple: padres alterados, niños estresados.

¿Cuáles son las pistas que nos da el bebé cuando está estresado? La manifestación más evidente del estrés es el llanto, pero no cualquier tipo de llanto, es un llanto mantenido angustioso y agudo. Los padres nos vamos haciendo el oído y podemos identificar muy bien los llantos de nuestro bebé, sólo hay que poner atención. También se manifiesta el estrés en trastornos de la alimentación, del sueño y en una menor interrelación con los adultos.

¿Qué hacer para evitar el estrés en el bebé? Promover situaciones en las que el niño se sienta atendido, querido, cubrir todas sus necesidades, tanto las de hambre, sueño, abrigo como por supuesto, las afectivas. Atender al niño significa también jugar con él, prestarle atención, pasar horas juntos en calidad y cantidad, reforzar el vínculo de apego, estar rodeado de seres queridos, etc.

Establecer rutinas también es fundamental para evitar estrés en el bebé. Tener una rutina (juego, baño, cena, cuento, a dormir…) y hacer cada día lo mismo le da confianza, seguridad y le tranquiliza sabiendo que su vida no es un constante sobresalto de actividades sin ningún tipo de orden.

Con respecto a la vida familiar, ya hemos hablado de las consecuencias de vivir en familias estresadas (problemas de comunicación, conducta, ansiedad, aislamiento y cosas más graves aún). Por eso, debemos propiciar un ambiente familiar lo más tranquilo posible dejando del otro lado de la puerta de casa los gritos, los problemas laborales y los ritmos frenéticos.

Todo ello contribuirá a crear un estado de confianza en el bebé que le ayudará a sobrellevar mejor las situaciones de estrés. Un bebé que ha sido atendido completamente a sus necesidades durante la primera etapa de su vida será un niño seguro y un adulto que sabrá lidiar con el estrés en el futuro.